Como cada jornada, Roberto se preparaba para dar su mejor
espectáculo. Toda esa mañana parecía muy normal, cortaría un par de orejas,
mataría al toro y recibiría los aplausos del público.
Al llegar a la plaza, todo estaba adornado
por colores, la gente sonreía y gritaba, todos parecían tan felices, menos los
toros de casta los cuales fue a ver antes de la corrida, Estando allí se sintió extraño, su padre quien estaba cerca
observó su cara de preocupación y dijo:
- Roberto, ¿estás bien?- pregunto
preocupado el padre al hijo.
- No se padre, no sé si quiera hacerlo
hoy, creo que algo malo va a suceder.
Se llegó la hora. Uno a uno de los
rejoneadores pasó a realizar su número en la cruda y cruel arena que cubre el suelo
de la plaza. La sangre de los animales corría por sus lomos y rosaba hasta el
suelo.
El turno de Roberto llegó. Un toro
de casta y de gran brío o temperamento se paró frente a él; Pero esta vez Roberto no se sentía como
ante su rival y mucho menos creía que de allí saldría algo bueno. Dio las
primeras estocadas, los primeros cortes y la sangre del toro empezó a brotar,
su capa y su traje se mancharon. Al dar el corte a la primer oreja, no lo
dio perfecto. El toro lo derribó y la sangre del corte de oreja cayó en su
rostro y espalda.
Asustado, creyendo que la sangre era la
suya Roberto corrió a un lado de la arena, hacia una barda de seguridad. Estando
allí se dio cuenta que no era suya sino del animal. Así que tomó su capote y la
banderilla y corrió de nuevo a la arena y cuando todos creían que como un
gladiador le daría la estocada final a su rival, algo maravilloso
sucedió.
Miró a los ojos de su presa y con voz
fuerte pero reflexiva dijo:
- Ni este animal o ningún otro merece
pasar más por esta pesadilla- a lo que agregó, - Como nosotros intentamos
sobrevivir a los percances que nos pone la vida, este animal me derribó al
sentir que corté su oreja. Animal que no mataré y que nadie hoy matará -
Luego de decir estas palabras Roberto miró
al animal, sonrió y vio como era llevado de nuevo a los corrales.
Desde ese día no dio más espectáculos y se
dedicó a buscar las formas necesarias para que en su pueblo no se practicara la fiesta brava.