martes, 11 de noviembre de 2014

La sangre y el toro

Como cada  jornada, Roberto se preparaba para dar su mejor espectáculo. Toda esa mañana parecía muy normal, cortaría un par de orejas, mataría al toro y recibiría los aplausos del público.

Al llegar a la plaza, todo estaba adornado por colores, la gente sonreía y gritaba, todos parecían tan felices, menos los toros de casta los cuales fue a ver antes de la corrida, Estando allí  se sintió extraño, su padre quien estaba cerca observó  su cara de preocupación y dijo:

- Roberto, ¿estás bien?- pregunto preocupado el padre al hijo.
- No se padre, no sé si quiera hacerlo hoy, creo que algo malo va a suceder.

Se llegó la hora. Uno a uno de los rejoneadores pasó a realizar su número en la cruda y cruel arena que cubre el suelo de la plaza. La sangre de los animales corría por sus lomos y rosaba hasta el suelo.

El turno de Roberto llegó. Un toro  de casta y de gran brío o temperamento se paró frente a  él; Pero esta vez Roberto no se sentía como ante su rival y mucho menos creía que de allí saldría algo bueno. Dio las primeras estocadas, los primeros cortes y la sangre del toro empezó a brotar, su capa y su traje se  mancharon. Al dar el corte a la primer oreja, no lo dio perfecto. El toro lo derribó y la sangre del corte de oreja cayó en su rostro y espalda.

Asustado, creyendo que la sangre era la suya Roberto corrió  a un lado de la arena, hacia una barda de seguridad. Estando allí se dio cuenta que no era suya sino del animal. Así que tomó su capote y la banderilla y corrió de nuevo a la arena  y cuando todos creían que como un gladiador le daría la estocada final a su rival, algo maravilloso  sucedió.

Miró a los ojos de su presa y con voz fuerte pero reflexiva dijo:

- Ni este animal o ningún otro merece pasar más por esta pesadilla- a lo que agregó, - Como nosotros intentamos sobrevivir a los percances que nos pone la vida, este animal me derribó al sentir que corté su oreja. Animal que no mataré y que nadie hoy matará -

Luego de decir estas palabras Roberto miró al animal, sonrió y vio como era llevado de nuevo a los corrales.


Desde ese día no dio más espectáculos y se dedicó a buscar las formas necesarias para que en su pueblo no se  practicara  la fiesta brava.

Conclusion

Si en Colombia diéramos fin a las corridas de toros, esto obligaría a que las personas que ocupaban este oficio  se vieran en la posición de buscar nuevos rumbos, así mismo el estado debería apoyarlos para buscar otras formas de empleo.

Por ora parte seria la paz para muchos animales , el primer paso  contra la explotación y el abuso que comete el ser humano  al creerse el dueño total sobre todo lo que existe. Si esto pasara en Colombia por medio de reformas  y conversaciones políticas llegaría un gran paso contra la explotación animal y la creación de los derechos de los animales.